El fuerte de San Diego

Hace dos meses, durante el mes de Diciembre, nos tomamos dos semanas de vacaciones para recorrer toda la costa de Guerrero en un yate de la familia, un artefacto que tratamos de utilizar cada que hay tiempo de hacerlo, ya que para mí no existe descanso más magnánimo que aquel que se tiene en un barco de esta clase.

Comenzamos en el puerto de Ixtapa e hicimos un ocho por las costas, atestiguando una de las mejores vistas que se pueden tener, así como las mejores puestas de sol, bañando con su tenue luz a todos los hoteles en Zihuatanejo, con su tejido de oro dulce.

De ahí bajamos al puerto de Acapulco donde presenciamos mucha actividad de la vida marina local, incluyendo tortugas, mantarayas enormes, delfines negros, un par de tiburones azules y una de las creaturas para mi gusto más espectaculares, el pez vela.

Al entrar a aquel viejísimo puerto, que en viejos tiempos solía tener una muy íntima relación  con los puertos asiáticos, observamos toda la bahía y zona hotelera, que muchas veces opaca la luna con sus luces, que parpadean como estrellas atoradas en las colinas selváticas que reinan el lugar.

Acapulco por la noche, cuando no se escucha la música de las discotecas, puede ser un lugar de suma melancolía, donde el sol parece llevarse toda la energía de los hombres con él a la hora de sus sueños, ya que aunque sea un lugar muy activo en la noche, si uno se encuentra lejos de los epicentros de los bares y discotecas, el sonido del caer de las olas, combinado con las luces de las casas y hoteles, le hacen parecer un lugar lleno de armonía y tranquilidad.

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Por supuesto, visitamos por mar uno de mis lugares favoritos de Acapulco llamado el Fuerte de San Diego, un fuerte que se comenzó a construir en el año de 1651 por las fuerzas españolas virreinales, quienes tenían muchas preocupaciones y temores en la región, así como muchos problemas.

Si hoy en día Acapulco es un lugar conflictivo, lo era más en aquellos tiempos, ya que Acapulco era un puerto donde se acumulaba una cantidad infinita de riqueza, algo que aunque se trate con el alma o con la presencia de un dragón, no se puede mantener en silencio.

Esto era porque habían muchos ojos que observaban toda la riqueza de oriente llegar a Acapulco, para ser distribuida por toda la América española hasta llegar hasta tierras argentinas en actividad comercial.

Debido a esta fuente de riquezas, muchos piratas provenientes de los lados más obscuros de todo el globo, incluyendo piratas chinos, asaltaban a los barcos por las noches cuando los capitanes españoles menos lo esperaban, haciéndoles perder cientos de miles de millones en mercancía, algo que al señor virrey no le daba nada de gusto, por lo que mandó a hacer aquel fuerte de San Diego, una reliquia que aún conservamos hoy en día.

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