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Deporte o ejercicio físico, ¿qué es lo mejor para los niños?

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Tal vez lo primero que se te ocurra sea responder con otra pregunta; ¿existe una diferencia? Pues sí, la hay.

Cuando se recomienda que todas las personas, y especialmente los niños, hagan al menos treinta minutos diarios de ejercicio, a lo que se hace referencia es a las actividades que implican movimiento y acondicionamiento físico. Entre ellas puede estar el caminar, subir y bajar escaleras, saltar la cuerda, andar en bicicleta o bailar.

Aunque dichas actividades no se practiquen de manera organizada y sistemática, implican movimientos corporales que ponen los músculos a trabar y los ejercitan. Claro que si se introducen algunos elementos de organización y constancia, como lo sería el correr treinta minutos diarios o saltar la cuerda cien veces, los resultados serán mejores.

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En el deporte, la disciplina es imprescindible. En toda práctica deportiva existen objetivos y estrategias para alcanzarlos. También hay reglas, que señalan lo que puede y lo que no debe hacerse para llegar a la meta. Y si hablamos de la constancia en los entrenamientos, ésta debe reforzarse, pues ya no se trata sólo de ejercitar y fortalecer el cuerpo, sino de adquirir y perfeccionar las técnicas que cada deporte requiere.

Ahora que comprendemos mejor la distinción, podemos volver a la pregunta inicial; ¿cuál es la mejor opción para los niños? Pues bien, como ya mencionamos, la actividad física es indispensable para cualquier persona y en la infancia es básica para tener un desarrollo adecuado y evitar problemas como el sobrepeso y la diabetes.

La buena noticia es que para la mayoría de los niños, la actividad física es algo natural. Les encanta moverse, correr, saltar, bailar o cualquier cosa distinta de quedarse quietos. Por tanto, lo que nos corresponde a los papás es buscar formas de canalizar esa energía, para que no provoque destrozos o accidentes y también para que, al aburrirse, los niños no se inclinen hacia diversiones sedentarias, como ver televisión todo el día.

Muchos papás consideran que la mejor forma de canalizar la actividad física de los niños es el deporte, pues éste, además de ayudarlos a ejercitarse, les dará concentración y disciplina. Y no están equivocados, pues un niño deportista desarrolla también hábitos como la constancia y el esfuerzo; aprende a socializar y convivir; se fija metas y trabaja para lograrlas, y también aprende a enfrentar y superar las derrotas.

No obstante, si presionamos demasiado a los niños para que practiquen un deporte de manera formal, en vez de que sólo corran, jueguen y salten, corremos el riesgo de provocarles un estrés que no deberían soportar a su edad e incluso de hacer que odien el deporte y hasta el ejercicio.

Para evitar los extremos, algunos especialistas recomiendan que, ante todo, se permita y motive el juego libre en los niños. Esto es, que se les deje jugar, correr y saltar, siempre bajo supervisión adulta y con algunas reglas básicas. Al observar a los niños mientras juegan, los padres pueden identificar algunas cualidades que los orienten para elegir el deporte o la rutina de ejercicios más adecuada.

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Si les gusta formar equipos y competir o muestran destreza para jugar a la pelota, se les puede animar a que practiquen un deporte de equipo. Esto también debe hacerse de manera lúdica, para no perder el interés de los niños. Pueden empezar con juegos y competencias entre familiares y amigos; luego probar en algún equipo y si los pequeños siguen interesados, entonces cabe pensar en una escuela donde se entrenen de manera más formal.

Si se llega hasta ese punto, el apoyo de los padres será fundamental. Esto implica desde asistir a todos o la mayoría de sus entrenamientos y juegos (para lo cual puede ser útil comprar unas cómodas sillas de asiento con respaldo, o stadium seats with backs), hasta darles ánimos y ayudarles a superar situaciones difíciles (como el quedarse en la banca, perder un juego o tener problemas con algún compañero). Hay que identificar siempre la delgada línea que separa el apoyo de la presión excesiva y tratar de no cruzarla.

Ahora bien, si los niños prefieren correr de un lado a otro, saltar o simplemente moverse, podemos pesar en prácticas como el atletismo, la natación, las artes marciales o el baile. Aquí tendrán la opción de adoptarlas como deporte y competir, o de asumirlas como un ejercicio constante.

Sea cual sea la opción que se elija, es importante procurar que el niño se mantenga motivado, sano y, sobre todo, divertido.

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La práctica hace al maestro y encuentra su swing

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En todos los deportes que se desee practicar, primero hay que empaparse un poco de la teoría, sudar un poco la camiseta y después practicar una y otra vez.

En el golf las cosas no son diferentes.

Si quieres aprender a tener un buen swing y codearte con los jugadores del club, entonces debes saber cómo llegar y pararte en el green.

El golf es un deporte que requiere pulir una técnica, conocer sus reglas, prepararse físicamente para soportar las 4 horas que llega a durar un juego, saber qué palo usar en cada caso, mantenerse cómodo durante la jornada, estar hidratado y mantenerse en el juego para divertirse también.

Así que parte de una buena preparación es el entender la función de cada palo, para saber cuál usar en cada ocasión.

Entre los diversos palos y el reglamento existe una cláusula que indica que no puedes llevar más de 14 palos en tu bolsa en un juego.

Y como principiante, tampoco es recomendable que uses tantos, ya que primero habrá que aprender cuáles son los tipos de palos, aprender a usarlos, ya que cada uno tiene su para qué y cuándo usarlos, y ya después elegir los mejores para un juego.

Lo más recomendable para iniciarte en el mundo del golf es tomar clases con algún especialista.

Él te guiará por este mundo y comenzará a darte el primer acercamiento en cuanto al reglamento, como a los diversos artefactos y nomenclaturas acordes al golf.

Conforme avanzas en tus lecciones, notarás qué tanta potencia tienes con cada palo con respecto al swing que vayas adquiriendo e identificarás la distancia que alcanzas con cada uno de ellos.

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Ahora bien, parte de las lecciones es que practiques con dos tipos de palos, los cuales se dividen en dos grandes bloques, los que se denominan de madera (aun cuando no estén hechos de la misma) y los de hierro (que les pasa lo mismo).

A su vez cada palo tiene un número y su principal característica es su largo y su alcance, que más o menos tiene un promedio de 10 metros entre número y número. Este promedio varía de acuerdo a la potencia del jugador.

Desde la concepción de esta particular herramienta del golf, los palos se diseñaron para que, a través de la fuerza del swing, se lleve a la bola lo más lejos, de ahí la importancia de un buen swing.

Por lo tanto, para un jugador novato, es importante comenzar con los palos con numeraciones altas, como el 6, 7 y 8, en los cuales se alcanza en promedio distancias de 140, 130 y 120 metros respectivamente, mientras que uno del número 9 te permite hacer golpes de unos 110 metros.

Aquí la relevancia es el practicar y determinar de acuerdo a tu swing qué distancia alcanzas con cada palo y ver si mantienes esa consistencia. Ese es el reto… ir más lejos y saber la distancia que alcanzarás.

Esto te permitirá hacer tus cálculos y destinar los palos que usarás, ya que sabes tu propio alcance con cada uno.

Obviamente, esto te lo dará la práctica y la constancia.

Con esta información, llegar a una de las tiendas de golf en México para armar tu propio equipo; te será de lo más sencillo, porque ya cuentas con la parte teórica y con la práctica.

Así que buena suerte.

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